Por qué nos cuesta decir adiós

Nacemos en un medio familiar, social económico y cultural, nacemos como un cuenco, con sus diferentes formas, esto supone, que a la vez que nos limita, nos da forma.
Asimismo, un cuenco nace vacío y vamos poco a poco llenándolo, con creencias limitantes, impuestas, repetitivas, dañinas, y repleto de muchos miedos.

Cuando necesitamos vaciarlo porque como adultos podemos modificar el contenido que conforma nuestro yo o queremos finalizar una situación en la que nos estamos feliz, o nos sentimos incompletos, o en medio de relaciones toxicas, sin embargo, nos acostumbramos a vivir con apegos intensos que nos los podemos soltar. Nos da miedo soltar, y aún más, admitir el error de que nuestro cuenco no nos gusta tanto como creemos y nos engañarnos.

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"Ya te dije adiós, ahora cómo te olvido", Walter Riso

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Llorar es bueno

Es la mejor válvula de escape para cualquier emoción. Las lágrimas pueden enfermar tanto el cuerpo como el alma
La risa y el llanto tienen muchas cosas en común, entre ellas, y la más obvia, es que son contagiosos. La risa genera endorfinas, pequeñas proteínas popularmente llamadas de “la felicidad”. Las endorfinas actúan como neurotransmisores aumentando los niveles de células T, refuerzan el sistema inmunológico del organismo.
Algo similar ocurre con el llanto. Llorar nos hace liberar adrenalina, una hormona que segregamos en situaciones de estrés, y noradrenalina, que actúa como neurotransmisor y tiene un efecto contrario al de la adrenalina. Cuando lloramos, eliminamos estas hormonas, lo que produce una sensación de desahogo y tranquilidad. Un ejemplo de esto es que, después de derramar algunas lágrimas, tanto niños como adultos se quedan dormidos.

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Cómo cambia la vida tras la muerte de los padres

Después de la muerte de los padres, la vida cambia mucho. O quizás, muchísimo. Enfrentar la orfandad, incluso para personas adultas, es una experiencia abrumadora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre.

Vas a dejar de verlos, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida. Los padres fueron las personas que nos trajeron al mundo y con quienes se compartiste lo más íntimo y frágil. Ya no estarán aquellos seres por los que, en gran medida, llegamos a ser lo que somos.

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