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La rabia en el proceso del duelo

Perder a alguien supone a veces, quedar atrapados en el enfado permanente, en una ira que no se calma. No entendemos por qué le ha tenido que pasar precisamente a esa persona tan especial. La rabia es una emoción muy común en el proceso del duelo.

La rabia en el proceso del duelo es una etapa habitual. No obstante, hay quien queda encallado en esa fase, quien colapsa emocionalmente y queda atrapado en la ira por la pérdida vivida. No es fácil manejar todo ese ovillo convulso de sentimientos, ahí donde el enfado y la incomprensión por lo sucedido nos cambia el carácter y nos va sumiendo en un estado muy debilitante.

Decía William Shakespeare que llorar hace el duelo menos profundo, pero cuando alguien no puede dar paso al desahogo emocional, se convierte en una piedra que cae por su propio peso en lo más hondo de ese pozo del desconsuelo. Así, de entre todas las etapas del duelo que definió Elisabeth Kübler-Ross, es muy posible que esa segunda caracterizada por la ira y la frustración, sea la más problemática.

Esa fase define el momento en que una persona toma plena conciencia de la muerte de ese ser querido, pero en lugar de aceptarla, se rebela. La mente empieza a buscar culpables, los sentimientos de injusticia, de resentimiento, de ira, van incrustándose de manera constante y profunda.

Las emociones se convierten casi en ese viento furioso que agita de manera constante la ropa tendida en  una cuerda, agitándola, deformándola, queriéndola arrancar de la cuerda donde se halla prendida. La persona quiere mantener el control, pero se siente incapaz. Porque la rabia es furia y a menudo, nos transforma en algo que no somos.

La rabia en el proceso del duelo ¿cómo se manifiesta?
La rabia en el proceso del duelo surge como reacción a la pérdida. No podemos olvidar que esta emoción, al igual que la ira es un mecanismo instintivo que ha ayudado al ser humano a reaccionar ante lo que el cerebro interpreta como una amenaza. Por tanto, ¿qué hay más impactante que perder a alguien significativo? La impronta del dolor es tremenda y como tal aparece una respuesta.

Experimentar este tipo de realidades es completamente normal. Es más, estudios como el llevado a cabo por el doctor George A Bonanno, de la Universidad de Columbia, nos señala que en realidad no hay duelos «normativos». Por tanto, aunque tengamos en mente las etapas que estableció la doctora Kübler-Ross en su día, cada persona procesa y afronta su duelo de una manera particular.

Ahora bien, hay eso sí, duelos complicados, como el duelo congelado o retardado, donde arrastrar durante años esa pérdida no resuelta que en muchos casos, deriva en depresión. Veamos no obstante, cómo se manifiesta la rabia en el proceso del duelo.

Obsesión con lo sucedido y preguntas sin respuesta
Cuando perdemos a alguien es común hacernos muchas preguntas. Una muy común es aquella donde a modo de lamento cargado de rabia, nos preguntamos por qué esa persona y no otra. ¿Por qué ha tenido que ocurrirle esto a mi padre si era tan joven aún? ¿Si era tan bueno y tenía tantas ganas de vivir, por qué ha tenido que irse él?

Este tipo de ideas se convierten en puntos fijos y obsesivos en la mente de esa persona que queda atrapada en su proceso del duelo. La obsesión con lo ocurrido, con buscar explicaciones y hasta culpables es algo común que alimenta la propia rabia.

Hipersensibilidad
La rabia en el proceso del duelo hace que la persona sufra en muchos casos hipersensibilidad. De pronto, cualquier estímulo inesperado, cualquier noticia o hecho repentino les afecta de manera intensa. Todo lo sobredimensionan negativamente, cualquier cosa les afecta de manera descontrolada y hasta devastadora.

La personalidad y el carácter cambian
Algo que debemos entender sobre la ira y la rabia es que tienen un poder transformador. Nos cambian, nos convierten en alguien que no somos y que no nos gusta. Se pierde la motivación, lo que antes nos apasionaba deja de interesarnos, desaparece la paciencia, el interés, dejamos de conectar con las personas. Asimismo, la empatía se reduce porque el sufrimiento nos obliga a centrarnos únicamente en nosotros mismos.

Apatía, dolor físico, depresión leve
La rabia en el proceso del duelo se traduce también en enfermedades psicosomáticas. Así, el dolor de estómago, el cansancio físico y mental, las cefaleas, el insomnio o una mayor tendencia a sufrir infecciones es algo recurrente en estas situaciones. Por otro lado, es común evidenciar indicadores de depresión que en caso de no tratarse, puede empeorar con los meses.

Cómo se trata la rabia en el proceso del duelo
Uno de los mayores peligros de la experiencia de la rabia en estas situaciones, es que a veces, puede llevarnos hacia conductas tan peligrosas como lesivas para la propia salud. Hay quien recurre a la bebida, al juego o a cualquier conducta que les permita ‘olvidar’ el dolor por la pérdida. Sin duda, son situaciones muy complicadas.

Por ello, a la hora de tratar este tipo de realidades debemos tener claro que la terapia psicológica no solo es recomendable, es de hecho la única vía para recuperar el control de nuestra vida y permitirnos avanzar de nuevo. Así, las estrategias que suelen seguirse son las siguientes

Claves en las que trabajar

  • Valoración previa sobre el estado de salud de la persona. Antes de iniciar la terapia, es recomendable que el paciente pase por un reconocimiento médico para conocer su estado de salud y la presencia o no de otras patologías.
  • Se necesita además, un compromiso firme por parte de la persona de que va a seguir la terapia psicológica.
  • A la hora de trabajar la ira, es recomendable hacer uso de la reestructuración cognitiva identificando pensamientos limitantes e irracionales. Se facilitará además, la canalización emocional, el desahogo y recursos para aliviar ese profundo malestar emocional.

Cabe señalar que este tipo de terapia varía mucho en función de las necesidades de cada persona. Es un proceso además que requiere tiempo y de una alianza firme entre la persona y el psicólogo. No obstante, la tasa de éxito es alta, podemos por tanto superar este tipo de situaciones. Asimismo, libros como Déjalos ir con amor. La aceptación del duelo, de Nancy O´Connor, pueden ayudarnos.